Mi forma de acompañar

No creo que la creatividad sea algo que debamos aprender.

Creo que es algo que necesitamos recordar.

Todos nacemos con la capacidad de imaginar, explorar y crear. Antes de aprender técnicas, ya jugábamos. Antes de buscar resultados, ya experimentábamos. Antes de preguntarnos si estaba bien o mal, simplemente hacíamos.

Con el tiempo, muchas veces dejamos de confiar en esa forma natural de crear. Aprendimos a buscar respuestas afuera, a compararnos, a perseguir resultados y a creer que la creatividad pertenece solo a algunas personas.

Yo no lo creo.

Creo que la creatividad sigue habitando en cada uno de nosotros, esperando un espacio donde volver a expresarse.

Por eso no entiendo el aprendizaje como la transmisión de respuestas.

Lo entiendo como el arte de crear las condiciones para que cada persona pueda volver a encontrarse con las propias.

No creo en enseñar un único camino, creo en acompañar procesos. En hacer preguntas antes que dar soluciones.

En ofrecer experiencias que permitan descubrir una voz propia.

El mosaico es el lenguaje que elegí para recorrer ese camino.

No porque sea un fin en sí mismo, sino porque en cada pieza, en cada vacío, en cada gesto repetido y en cada decisión aparece una oportunidad para observar cómo creamos, cómo dudamos, cómo insistimos y cómo transformamos lo inesperado en parte de la obra.

Durante años comprendí que una obra no comienza cuando colocamos la primera tesela. Comienza mucho antes. 

Comienza cuando hacemos espacio.

Cuando respiramos.

Cuando aceptamos no saber.

Cuando dejamos de controlar el resultado para volver a escuchar el proceso.

Por eso cada sesión es una invitación a detenernos.

A observar.

A experimentar.

A equivocarnos.

A descubrir que las manos también piensan y que el cuerpo guarda conocimientos que muchas veces la mente ha olvidado.

No busco formar personas que hagan mosaicos iguales. Busco acompañar a cada una a descubrir un lenguaje que solo ella pueda construir.

Porque creo que toda obra auténtica nace de una relación auténtica con quien la crea.

Sesiones de Mosaico nace de esa convicción. Del deseo de ofrecer un espacio donde el tiempo recupere otro ritmo, donde la materia dialogue con las manos y donde la creatividad deje de ser una meta para convertirse nuevamente en una forma de habitar el mundo.

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